Lo quiero pero lo hice cornudo

El lunes le había dicho a Mateo que no iba a acompañarlo más a sus partidos de fútbol. Se desanimó un poco, le gustaba que lo viera y que lo acompañara. Y a mí también me gustaba. Me sentía más su mujer, allí metida en ese ámbito tan de él. Claro que desde que su amigo Bencina me manoseara los pechos a sus espaldas, ya no podía pensar en otra cosa. Pasaba con él toda la mañana del sábado, el medio día y buena parte de la tarde. En cambio el manoseo furtivo de su amigo solo habían sido unos pocos segundos en solo dos oportunidades. Entonces ¿por qué le daba tanta importancia? Supe que la pregunta no era esa. La pregunta era por qué se lo había permitido. No son cuernos, me repetí durante toda la semana. Y no lo eran. Solo me había dejado tocar uno de mis pechos mientras Mateo no estaba, no era que me había dejado coger. Durante la semana siguiente Mateo me insistió que vaya, y yo, que había arrancado muy firme el lunes, el viernes ya le decía que iba a ver. Mi excusa era la limpiez...