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RELATOS ERÓTICOS - LE R3GAL3 UN HOMBRE A MI MUJER

relato erotico


Era una hermosa tarde de verano. Mi novia y yo decidimos ir a caminar por la plaza de Belgrano. Como era domingo, muchas personas circulaban por ese lugar en medio de risas y alegría. Ella vestía un short blanco que hacía relucir su cola bien paradita y redondeada. No podría pasar inadvertida frente a los ojos de los hombres, algunos, le miraban la cara y otros se volteaban para mirarle la cola. Yo notaba en ellos que miraban con deseo a mi mujer, pero hacía como si no me diera cuenta. Su larga cabellera cubría su espalda hasta el inicio de su cola, me encantaba como su pelo lacio llegaba justo hasta esa parte donde empezaba la curva del deseo.

No sé lo que habrá pasado dentro de mí en ese momento pero lejos de disgustarme que los hombres la miraran con total descaro lo que me pasó fue que eso me gustaba. En ese momento tuve pensamientos morbosos imaginándome a ella con otros hombres. Esto no me podría estar pasando, me reclamé. Cómo puede ser que mi novia de casi toda la vida, la mujer con la que estoy desde hace ocho años y he compartido momentos inolvidables, cómo puede ser que a la mujer de mí vida, a quien nunca me gustaba que ni siquiera mire a otros y hoy estoy imaginando compartirla.

Pasaron los días y esa idea loca no desaparecía. Realmente algo despertó dentro de mí y me calentaba demasiado la idea de verla con otro hombre. Quizás esa belleza única que poseía, ese cuerpo de niña, su juventud y su inocencia era lo que producía en mí esas ideas peligrosas . Yo ya la conocía como mujer , como hembra y quería que otro también sintiera esa sensación, quería que otro la viera desnuda.

Una noche, entre sábanas y oscuridad le conté lo que me pasaba, le propuse la idea de hacer un trío. Le di ideas de las posibilidades varias y la experiencia única que tendría si estuviese con dos hombres. Le dije que esas cosas, aunque no sean normales, suceden habitualmente y no son cosas de otro mundo. Ella sonrió irónicamente, pensó que le estaba jugando una broma y no me dio demasiada importancia. Sin embargo, no me iba a quedar así y tenía que convencerla de que mis intenciones eran realmente verdaderas y quería compartirla.

Vinimos hace varios años desde Paraguay a esta ciudad tan grande. Allá vivíamos en el campo donde todo era rutinario , la vida era tranquila y donde todos nos conocíamos. Las cosas que sucedían o se hacían allá se sabía todo. Sin embargo Bs As era muy distinta, muy movida. Mucha gente alrededor y cada uno con su vida, podíamos hacer infinidades de cosas sin que nadie se entere. Ella era mujer de familia, siempre fue tímida y no salía da la casa hasta conocerme, aún después de haberlo hecho permanecía bajo el cuidado de sus padres. Cuando la conocí tenía apenas 14 años pero ya estaba hecha toda una mujer: cabellera larga, muy culona, una cara muy bonita que necesitaba amor.

Seguía insistiendo con la idea y cada vez lo hacía más convincente de que mis ideas eran serias y que lo único que buscaba era vivir una experiencia distinta que disfrutaríamos los dos y quedaría entre nosotros. Le contaba como yo me la imaginaba con otro, estando ahí los dos hombres para ella solita. Por un lado tendría al único hombre que conocía hasta el momento, el amor de su vida, el hombre con quien había vivido todas las experiencias como mujer y con quien pensaba formar una familia Por otro lado estaría un total desconocido que quizás no le ofrecería amor ni protección pero le daría sexo, le enseñaría las cosas más perversas que se puede hacer entre un hombre una mujer, se unirían a través de la carne, a través de sus cuerpos desnudos sentiría otro olor, otro sabor, tendría otro pene, dos penes para ella solita.

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Entre las idas y vueltas de las ideas que le planteaba me llevé la grata sorpresa de aceptarme, accedió a la curiosidad, aceptó ser una sumisa de dos hombres que la iban a poseer. Desde luego me puso algunas condiciones para realizarlo. Primero teníamos que buscar un hombre joven, desconocido y en lo posible guapo. Quería un desconocido porque esta sería una experiencia entre pareja y el otro hombre y nadie más. Se moriría de la vergüenza si alguien más lo supiera .

Puse inmediatamente manos a la obra y empecé a buscar hombres en internet y en algunas app que logré instalar. Conocí a muchos varones pero a ella no le gustaba , siempre encontraba algún defecto en ellos que no le atraía: porque fumaba, porque no tenía pelos, era muy bajito…Eso no me desanimó porque sabía lo especial que era ella y tenía que encontrar a alguien que realmente la atrayera.

En una de esas búsquedas apareció un hombre llamado Cristian, era alto, buen mozo y demostraba una actitud tranquila, precisamente lo que ella buscaba. Este hombre le atrapó más que los demás y después de un par de intercambios de fotos decidimos encontrarnos para ver algunos detalles y si había onda. Nos citamos en una plaza céntrica y estuvimos hablando un buen tiempo. Nuestra charla no era precisamente sobre sexo, desde que conocimos a Cristian hubo una simpatía entre los tres que nos producía confianza, hablamos sobre la vida, sobre el trabajo , los sueños…En fin, el tema del sexo y el trío lo tocamos muy poco pero suficiente para programar el encuentro en un telo ya que ninguna de las partes disponíamos del lugar para concretarlo.

Ella se sintió bastante a gusto con el chico y vino sonriendo, el nerviosismo que sentía antes de conocerlo era muy evidente teniendo en cuenta que iba a conocer a alguien con quien estaría en la intimidad. Nunca había imaginado que se podía pactar tener sexo primero y después conocerse. Para ella siempre fue al revés, tenía que pasar mucho tiempo conociendo a un chico antes de entregarse. Recuerdo cuando éramos novios que había pasado un montón de tiempo conociéndonos antes de hacer el amor por primera vez.

Pasaron los días y el día del encuentro se acercaba. Parecía preocupada como si fuéramos a violarla, pero no, yo le decía que cualquier cosa que le incomode dejaríamos de hacer, que lo importante era que ella disfrutara al máximo y se olvidara de los prejuicios, de los tabúes, que el sexo desde tiempos inmemoriales era practicado de distintas formas, distintas poses, en pareja o en grupos. El morbo siempre existió, desde siempre se practicaba el sexo y de las formas más variadas solo que mantenían oculto por temor a la religión o a las “ buenas costumbres “.

Acordamos algunas cosas para ese momento. Primero que ella quería hacerlo sin preservativo . Resulta que somos personas sanas y siempre lo habíamos hecho así, sin protección. Teníamos que confiar de ambas partes y así sucedió , ella quería sentir el pene así como estaba, con la leche y todo adentro. Otro de los puntos que acordamos fue que ella quería probar el sabor de otra leche, nunca había probado otra más que la mía y quería experimentarla también. La primera vez que lo hizo conmigo no le gustó para nada pero luego se fue acostumbrando y probando más a menudo. Él debía acabar en su boca y llenarle la garganta de leche.

Llegó el día y ella estaba bastante nerviosa ( yo también). Aunque habíamos planeado algunas cosas uno nunca sabe lo que le espera y lo que pueda acontecer. Se puso bien bonita, se perfumó y se aseó con mucho esmero ese día. Parecía una nenita con su cara de niña y sus partes íntimas depiladas. Llegamos al hotel y él ya estaba esperándonos afuera. Subimos hasta la habitación y era algo totalmente extraño para nosotros. Nunca habíamos ido a un lugar así y nos parecía muy nuevo. Había grandes espejos por todos lados, una cama bastante grande y algunos aparatos para practicar sadomasoquismo, ella y yo nos mirábamos con asombro. Empezamos a charlar de cosas sin importancia como haciendo que no pasaba nada, pero en el fondo sabíamos el motivo por el que estábamos allí.

Rompí que esa monotonía al decirles “es hora de empezar “. Nos miramos y un silencio incómodo invadió ese momento. Cristian, caballerosamente me dice “ empezá vos, es tu novia “. Me hice el desentendido y le dije “no, empiecen ustedes “, yo quería verla a ella cómo se entregaba. Entonces Cristian se saca la camisa y él pantalón y se sienta en la cama. Ella hace lo mismo quedando en paños menores y se acerca a Cristian. En ese momento algo pasó dentro de mí, no estaba seguro de lo que hacía, estaba entregando a mi mujer a un desconocido y era testigo de ese momento, ya no podría hacer nada, ya no podría defenderla, era tarde. No me atreví a mirar pero escuchaba como se estaban besando, parecía que tenían un deseo enorme uno por el otro y se estaban devorando.

Ella estaba sentada arriba de él, ambos aún en paños menores. Luego veo que Cristian bordea su espalda y le quita el corpiño muy suavemente. Quedó mirando atónito ese par de pechos bien redondeados y duritos, los pezones parecían sobresalir por lo excitada que ella estaba. Entonces él apretó una de sus t3tas sacando aún más el pezón que parecía explotar. Acercó sus labios y empezó a chuparlas. Ella elevó un gemido al cielo.

Me empiezo a desvestir y me acerco para disfrutar de ese momento. La niña del campo, la niña tímida que era incapaz de hacer travesuras era otra, ni siquiera notaba que yo estaba ahí. Entonces ella bajó hacia el bóxer de Cristian, había sentido que tenía algo oculto ahí abajo y quería descubrir. Lo bajó y ¡vaya!, hasta yo me quedé sorprendido, era un p3ne de muy buen tamaño, bastante grueso y estaba depilado. Ella se sorprendió y la agarró con las dos manos, empezó a observarlo de distintos ángulos y sin mediar palabras lo llevó hacia su boca. Empezó a chupar la cabeza intentando meter un poco más y no podía. Dejó de chuparla y pronunció unas palabras ¡Ay Dios mío! dijo y volvió a disfrutar de ese pedazo de carne que le parecía algo tan delicioso que quería tragarlo todo. Estaba obsesionada con ese p3ne que intentaba meter todo dentro de su garganta. Lo intentaba una y otra vez a tal punto que empezó a toser y a lagrimear mucho, parecía que estaba llorando pero era ese gran p3ne el que la tenía así. Volvió a intentarlo y esta vez parecía que su garganta había aflojado un poco más y el p3ne de Cristian desapareció completamente dentro de su boca. La sacó de golpe y empezó a respirar fuertemente , ese p3ne casi la había ahogado.

Yo me limitaba a observar. Por más que me dolía algo de lo que ella estaba haciendo en el fondo me gustaba más, ella estaba irreconocible, era otra y eso me gustaba. Ya no aguantaba las ganas de sentir la pija de Cristian dentro suyo. Entonces se acomodó en la cama de una manera muy provocativa , se puso en cuatro y abrió las piernas frente a Cristian. Él observó con tanto deseo esa c0la que era maravillosa, su larga cabellera casi cubría toda su espalda y estaba ansiosa de ser poseída por aquel hombre.

Cristian me miró como pidiéndome permiso para entrar dentro de ella y yo le di el ok. Entonces la agarró de la cintura y la acercó hacia su p3ne. Puso su miembro arriba de la c0la de mí mujer mostrándome hasta donde podía entrar. Me quedé sorprendido porque parecía que ese pene la iba a atravesar. Comenzó a pegarle la cola con su pene cada vez más fuerte y ella empezaba a mover la c0la en señal de que ya quería sentirla adentro. Su c0ncha estaba tan mojada y el p3ne de Cristian expulsaba leche transparente. Bajó su pene y empezó a empujar esa concha, la cabeza entró de una y ella empezaba a gemir como una loca. Ella se movía lentamente porque atrás suyo había algo grande y quería disfrutarlo al máximo. Al principio no entraba todo, pero de a poco iba desapareciendo dentro de su c0ncha. Ella se movía más rápido y él empezó a darle nalgadas, cada vez más fuerte dejando las marcas de sus manos en la c0la blanca que ella tenía. Parecía que ella disfrutaba mucho ese momento y le pedía que le pegara más fuerte, nos habíamos olvidado que estábamos en un telo y ellos hacían gran ruido golpeándose. Ella cerró sus ojos y mordió sus dientes al no poder evitar tener un orgasmo como nunca en su vida. ¡Ay, Dios mío!, repetía constantemente.

Se fue al baño toda alborotada para secarse un poco porque además del orgasmo estaba bien sudada. Apenas regresó y vio que Cristian estaba en la cama boca arriba y empezó nuevamente a adorar ese pene, la chupaba por todos lados y la metía bien adentro de la garganta. En esa misma posición se acomodó para sentarse arriba y montarlo. Yo la miraba desde atrás y veía como aquel enorme pene podría entrar dentro de ella que era bastante chiquita. Cada vez se movía con más intensidad, parecía que estaba poseída y en ese interín de movimientos acabó por segunda vez.¡ Ay Díos mio!, la escuchaba decir a cada rato.

Paramos un momento y Cristian se fue al baño. Salió y empezamos a conversar un rato a recobrar energías. Luego yo tenía la necesidad también de ir al sanitario y los dejé charlar un rato. Entré apenas unos minutos y cuando abrí la puerta no los vi en la cama donde estaban sentados . Grande fue mi sorpresa cuando la vi a ella arrodillada en una esquina del cuarto frente a él y chupándole el p3ne, él la agarraba de la cabeza con las dos manos y la empujaba hacia su pene haciéndola toser y a lagrimear como nunca . Ese momento fue único para mí cuando quería hablarle a mi mujer y la encuentro muy ocupada tratando de meter toda la pija en su garganta . En ocasiones anteriores él me pedía permiso para hacer las cosas, esta vez empezaron la fiesta sin mí.

Ella quería sentir ese p3ne por todos los lados posibles, ya había logrado meter hasta el fondo de su garganta y de su concha. Creí que era suficiente pero no. Ella se puso en cuatro y le pidió que se la metiera en su cola. ¡Yo no podía creer!

Cristian parecía muy contento y miraba su c0la con tal detenimiento que parecía no estar tan seguro que le iba a entrar. Su c0la la tenía tan cerradita que parecía imposible que un p3ne tan grande podría entrar ahí. La mojó con saliva e intentó meterle su dedo. De a poco estaba aflojando y ella movía su cola aparentando estar segura de lo que hacía. Cristian mojó bien la cabeza de su p3ne con la propia leche que le salía y dejaba la cabeza como bien aceitada. Puso bien en el centro de su cola y empezó a empujarla, parecía que no iba a entrar. Ambos hacían el esfuerzo para que ese p3ne logre entrar, él empujando y ella abriendo bien las piernas y empujando para atrás. Después de varios intentos su c0la empezó como a succionar su p3ne y la cabeza logró entrar . Ella emitió un grito pero quería más. Cristian sentía que no podía entrar más que la cabeza y le preguntó si estaba segura

se seguir. Ella le dio una respuesta muy convincente que me excitó aun más. “ Estoy segura, no importa que me duela, voy a aguantar “ . Evidentemente era otra. Esa respuesta pareció gustarle a Cristian y empezó a empujarla con tanta intensidad y dándole nalgadas sin parar. Luego disminuye la intensidad sacando el p3ne y me muestra la c0la de mi mujer abriendo con sus dos manos. No tenía nada que ver con lo que era antes, estaba muy abierta y roja. Volvió a meterle y yo no podía creer como ese p3ne tan grueso y largo podía entrar todo dentro de su c0la. Otra vez vi su cara cambiada y acabó por tercera vez. No sabía que podía tener orgasmo teniendo sex0 anal, pero ella acabó increíblemente. Él no había sacado su p3ne y seguía dándole muy duro, ella toda entregada y bien abierta. Ese hombre la poseía totalmente y ella era una sumisa , le pegaba, la agarraba del cabello y ella se sentía feliz. Ese hombre había logrado que ella, una chica de campo e inocente, una chica que no conocía nada sobre s3xo se convirtiera en una verdadera pu1a.

Él se olvidó que debía acabar en su boca y llenarla de s3men, y ella se olvidó que tenía que tragarla toda. Cristian ya no se pudo contener y acabó dentro de su c0la, ella parecía satisfecha. Su c0la quedó abierta y llena de l3che caliente.

Nos despedimos y Cristian subió a su auto y se fue no sin antes agradecer por el momento. Nosotros regresamos en el tren y ella venía muy calladita. Me abrazaba todo el tiempo como sintiéndose avergonzada por lo que había pasado. Ya habría tiempo para hablar después. 



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Comentarios

  1. Muy buen relato muy caliente

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  2. Me gustó mucho tu relato muy caliente sobretodo cuando le da por el qlo eso me pareció muy exitante gracias por compartir

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  3. Yo también paso por lo mismo como me gustaría verla gozar con otros hombres ella es muy caliente

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  4. Me encanta ver a mi esposa siendo co**ida por otros!! Hemos hecho muchos tríos a ella y a mi nos encanta la doble pn*trcion vaginal es súper rico y más cuando los tres terminamos al mismo tiempo!

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  5. Excelente relato muy bueno

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  6. Excelente relato me gusto

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